Las prisas de los ciclistas, las etapas marcadas, el poco tiempo para tantos kilómetros hace que, en todo momento, sientas que te dejas mucho por ver. Poco tiempo para contemplar, poco tiempo para pararse a hablar, para disfrutar las comidas y las cenas. Viajes el los que te llevas el buen sabor de la tierra, los olores del campo y las maravillosas puestas de sol y amaneceres. Aquel viaje a Portugal ( GR22, ruta de las aldeas históricas) no fue diferente y por eso lo guardo con todo mi cariño en el recuerdo.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
Yo también guardo grato recuerdo de todo, del viaje, de los lugares y de nuestros vecinos portugueses.
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