miércoles, 13 de noviembre de 2013

Los peligros silenciosos o no tan silenciosos

Pasear por el bosque no ha sido tan sencillo. Aquel sábado de noviembre el viento era fuerte. En las zonas despejadas vientos de más de 40 km y mis 70 kilos me jugaban malas pasadas. Si el viento era frontal nos tocaba dar pedal, si el viento era lateral teníamos que tener mucho cuidado para no caernos al cortado.Pero era lo que esperábamos. 
En el bosque la cosa cambió, pero no para mejor. Mirábamos para arriba y veíamos moverse con violencia hojas y ramas. Las nubes se deslizaban a la misma velocidad que lo estaba haciendo Marquez. El sonido del viento empezó a darnos idea de la magnitud del tema. En mas de una ocasión las ramas quisieron penetrarnos los gemelos y lo hacían con muy mala idea. Sufríamos por nuestras bicicletas.Ramas entre los radios o en el desviador o entre la cadena. Bajábamos a velocidad pero sabíamos que había que salir de aquel lugar rápidamente. Mis compañeros siempre por delante se deslizaban con facilidad. El que escribe les seguía como podía. Por fin llegan a la carretera. Les veo a cien metros. Ya casi salgo de la trialera. Me quedan diez metros. Me relajo, les miro con la satisfacción de haber hecho un buen descenso. Pero de repente me veo volando y estrellándome en el duro suelo.La ironía del destino ha hecho que mi rueda delantera se encaprichase con una piedra, un agujero, un surco o que se yo. Después de hacerme un chequeo general descubro que no ha sido nada y nos vamos al coche con la sensación de que todo ha salido bien.

P.D. Al meter en la lavadora mi traje de romano encontré tres piedras que me hicieron recordar la caída con una sonrisa entrecortada por el dolor de mi  maltrecho cuerpo.

1 comentario:

  1. Hay amores imposibles, como los de las piedras con la ruedas...y aún así....no se rinden!!!! :)

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