Lo de la bajada del cordal hacia el pueblo de Navelgas fue una cosa especial. Mis compañeros a lo lejos. Distanciandose a gran velocidad. Una sucesión de curvas que no tenia nada que envidiar a los puertos de primera categoría de cualquier carrera. La vegetación con los mejores colores del otoño. El firme seco y sin baches nos invitaba a dejarnos caer. Nuestro cerebros nos decía que había que prolongar el instante. Por suerte mi lumix nos ayudó en esos instantes. Y mis compañeros y el que escribe ya conocemos el camino para volver.
No nos cansaremos de repetir lo divertido y gratificante que son este tipo de carreteras para recorrer con nuestras queridas bicicletas.
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