Por casualidad decidimos entrar en ese bar. Llegamos a Lamuño y empezaba a lloviznar. Pedimos dos caldos y nos quedamos ensimismados viendo el locar. Miles de productos colocados en todas partes. Al fondo el tabaco, sobre nuestras cabezas potas y utensilios para el hogar. Y sobre el mostrador uno de los mejores caldos que hemos tomado. Luego llego la conversación con los amables lugareños. Una pareja con mucho estilo, tomándose una cerveza.Supongo que ya habrán dado cuenta de la Xarda que les esperaba en el horno. Todavía hay personas que invitan a los desconocidos. Seguro que nuestras bicicletas tienen algo que ver en todo esto. Las fabas que nos llevamos para casa un tesoro. Solamente puedo darte las gracias amigo. Creo que deberíamos hacer algo para que estos lugares nunca desaparezcan. De 9 a 11 todos los días y todos los productos que necesiten los locales. Una dueña con mucho carácter, sin duda heredados. 100 años de servicio cumplirá el próximo año. Volveremos hemos descubierto un tesoros y se llama Bar Casa Celsa
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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