Rodar en bicicleta en grupos pequeños tiene su ventaja. Si el grupo se reduce a un solo compañero, la historia cambia bastante. El pasado sábado gracias a rodar con mi buen amigo Javi, pudimos comprobarlo de primera mano.
Nos resulto muy fácil que aquel campesino nos brindase agua con una sonrisa en la boca Nos resulto muy fácil que el lugareño del tractor nos hablase del lobo y de los estragos que estaba organizando por la zona.
Nos resulto muy sencillo entablar conversación con el agricultor al que invadimos su camino. Ni se enfado, ni nos puso mala cara y además con buen rollo intercambiamos impresiones
Nos resulto sencillo pedir a la vecina de Businde que nos hiciese una foto con el móvil. Aunque tuvo que realizar alrededor de quince disparos para sacarnos con el cuerpo completo. Los teléfonos no eran lo suyo y eso que su nieto, según nos comentó, la freía a fotos de familia.
Está claro que en grupos grandes los locales se suelen sentir intimidados,invadidos, acobardados y en ocasiones indignados.