Todos con una vida diferentes. Todos con sus problemas personales. Todos con sus expectativas vitales. Todos con su diferente carga emocional. Pero por una horas dejamos aparcadas esas cosas y nos unimos para cumplir con un ritual anual. Será una micro aventura especial. El vestirnos de ciclistas nos hace ver las cosas de otra manera. ¡Algo tendrá que ver el llevar ese coulotte tan ceñido a nuestras partes nobles!
Este año he recorrido los 85 km de unen Gijón con Covadonga con un grupo de aguerridos ciclistas con ganas de juerga y necesidad de demostrar su buen estado de forma a sus compañeros de salida semanal. Pero un día encima de la bicicleta da para mucho más, sobretodo si por el medio hay un buen menú de comida y al final una birra y unos pasteles. He tenido el privilegio de llegar a Covadonga de la mano de un novato con un espíritu encomiable, compartir conversación con amigos entrañables, escuchar ejemplos de superación ante graves enfermedades que han hecho que mi corazón se encogiese. Me he reído viendo a veteranos ciclistas llenos de energía y con unos músculos muy respetables. He compartido alientos y jadeos en las fuertes subidas que hemos hecho a un ritmo bastante serio. He redescubierto a un macho alfa que con sus cualidades humanas y deportivas ha cohesionado un grupo humano y deportivo importante. He tenido que sacar lo mejor de mi mismo para que el tipo del coche escoba no me dejase fuera de combate. Un grupo en el que hemos pedaleado a una velocidad importante pero en todo momento se ha respetado el ritmo de los que escuchaban otro sonido de tambor. Y mi increíble arco iris de fresa ha compartido momentos con unas monturas muy, muy serias. Por todo eso y por alguna que otra cosa he de estar muy agradecido de poder contar con un grupo como el de los repechinos que me demuestra que casi son tan especiales como mi grupo de Pelayo

Ha sido un lujo y un orgullo para los repechinos y en concreto para mi, poder compartir todas estas cosas que cuentas en esta entrada.
ResponderEliminarEl Vikingo de Cimavilla
aunque yo no este en esa foto pero doy fe de que fui ,tambien un placer jose ya lo sabes,lo de coche escoba o bici escoba....Barrancas.
ResponderEliminar¿ Que tuviste que sacar lo mejor de ti? No seas modesto, que nos traias con la lengua fuera en cuanto nos poníamos a tu rueda.
ResponderEliminarY el placer ha sido nuestro al compartir estas pedaladas contigo.
INCREIBLE experiencia, impresionante componente humano, alucinante poderío físico de los de mas edad en contra de toda lógica (y que humor y salero, yo quiero ser así dentro de unos pocos años), afortunado el día en su climatología y vikinga la coordinación del evento en el que solo nos ha tocado disfrutar durante toda la jornada.
ResponderEliminarCharlynos.
Desde la perspectiva que un "novato" ha ido viendo casi siempre a cola de pelotón y con algo de dolor en las piernas todavía, comparto tu visión de este fantástico día. Muchas Felicidades y muchas gracias por una jornada inolvidable.
ResponderEliminarAngel Motores
He sido yo, José, el que ha llegado de tu mano al patio de la basílica de Covadonga, soy por tanto quien tiene que arrogarse ese privilegio. Gracias por haber tenido ese detalle.
ResponderEliminarEl novato mayor, no tiene más remedio que discrepar -sin acritud- con el novato más joven, respecto a quién estuvo más tiempo rondado en cola del pelotón, y aquí si que no hay discusión q valga: He sido yo y. Oscar, Alberto, gracias por estar ahí, en los momentos cansinos del trayecto siempre he encontrado un apoyo - bendito apoyo- en la rueda trasera de vuestra montura.
¡GRACIAAS, REPECHINOS!
Saludos
Joaquín
P/D. Jose, si por casualidad te encuentras con Alfonso, que ejerció de guia de los Pelayos en la XX Vuelta al Concejo, dale recuerdos del participante que lucía el dorsal Nº8, que habiendo roto la patilla del cambio,y viéndome deambular como alma en pena por la senda (haciéndo un andariegu si futuro alguno), sin pensárselo dos veces me echó las dos manos al cuello - digo al tronchacadenas- y en un tris trás me dejó solucionado el problema (acortar la cadena) que me permitió seguir pedaleando hasta llegar casa.
Ni se sabes lo que hubiera tardado yo en realizar tan sencilla operación.
¡Gracias, Alfonso!