Después de haber pasado unos días recorriendo montañas, dar un paseo por la costa resulta de lo más gratificante. Mis piernas no se lo creían. ¡Pedalear en llano, relajadamente y sin esfuerzo! Pero la fiesta era otra. Una ciudad llena de bicicletas. ¡Todo el mundo va a la playa en bicicleta! Esto parece Europa. Bendita crisis. Los jóvenes y no tan jóvenes han descubierto que desplazarse en bici es barato y divertido. Los niños vuelven a ser niños y se divierten como sus abuelos. Las chicas descubren el glamour de la bicicleta. Los mayores desempolvan sus viejas bicicletas y deciden sentirse como hace veinte años. La nota de color la ponen s extranjeros que con sus peculiares vehículos nos dan una lección de como usarlas hasta que se rompan. En fin un placer ver sol, bicis y caras alegres por todas partes.
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