Después de haber pasado unos días recorriendo montañas, dar un paseo por la costa resulta de lo más gratificante. Mis piernas no se lo creían. ¡Pedalear en llano, relajadamente y sin esfuerzo! Pero la fiesta era otra. Una ciudad llena de bicicletas. ¡Todo el mundo va a la playa en bicicleta! Esto parece Europa. Bendita crisis. Los jóvenes y no tan jóvenes han descubierto que desplazarse en bici es barato y divertido. Los niños vuelven a ser niños y se divierten como sus abuelos. Las chicas descubren el glamour de la bicicleta. Los mayores desempolvan sus viejas bicicletas y deciden sentirse como hace veinte años. La nota de color la ponen s extranjeros que con sus peculiares vehículos nos dan una lección de como usarlas hasta que se rompan. En fin un placer ver sol, bicis y caras alegres por todas partes.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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