Precioso el concejo de Sobrescobio. Un pueblecito empedrado lleno de hórreos y con el olor a madera cortada como seña de identidad. Curioso das un paseo y te acabas encontrando bicicletas oxidadas en trasteros, cuadras o cualquier recoveco de la granja. Bicicletas que seguramente en su día sirvieron para ir a recoger el ganado o para desplazarse hacia los campos de labor. Hoy cinco niños son el triste futuro del precioso Soto de Agues. Mañana más madera pero ahora toca soñar con las historias vividas por esas destartaladas bicicletas. Tiempos atrás en los que la bicicleta era el medio de transporte por excelencia.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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