Precioso el concejo de Sobrescobio. Un pueblecito empedrado lleno de hórreos y con el olor a madera cortada como seña de identidad. Curioso das un paseo y te acabas encontrando bicicletas oxidadas en trasteros, cuadras o cualquier recoveco de la granja. Bicicletas que seguramente en su día sirvieron para ir a recoger el ganado o para desplazarse hacia los campos de labor. Hoy cinco niños son el triste futuro del precioso Soto de Agues. Mañana más madera pero ahora toca soñar con las historias vividas por esas destartaladas bicicletas. Tiempos atrás en los que la bicicleta era el medio de transporte por excelencia.
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