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El cocinero de la Molina.

Aquel había sido un día agotador. A las Tres de la mañana en pie y de ruta hasta las 23 horas. Llegué a la Molina exhausto. El albergue completamente lleno y nosotros en medio de los Pirineos. Salió el y en un segundo estábamos delante de una crema de calabacín y un millón de salchichas, todas para nosotros. Luego vendría una gloriosa ducha y al final pudimos dormir en el almacén, acompañados de skyes, bicicletas y todo tipo de enseres de almacén.
Meses después quise agadecerle su amabilidad y le mande una carta con una foto como la que ves y unas palabras emotivas. Lo cierto es que nunca tuve respuesta y en más que probable que él no haya recibido mi misiva 
De todas maneras creo que por mucho que escriba no podré hacerle llegar todo lo que se me pasó por la cabeza aquella noche. Que te traten como a un amigo, que se muestren cercanos, que te habrán la puerta de su casa y que te den de comer, cuando estas jodido, NO TIENE PRECIO.

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