Ese vencejo que seguramente ya está camino de África, la gaviota de las plumas rotas o la diminuta ardilla que lucha por sobrevivir a base de biberones, son algunos de los animales que he visto recuperarse con sus cuidados. Encontrarse con una isla en la que lo primordial es recupera al animal. Una clínica en la que todo son atenciones para sus inquilinos.
Y todo lo hacen esas manos guiadas por un buen corazón, un cerebro inteligente y una sensibilidad muy superior a la media.
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