Estos pequeños momentos de promiscuidad no se repetirán hasta el próximo año. Mi querida fixed ya no podrá buscar compañera en las barandillas del Muro. Apenas se marchen los rayos de sol del verano la afluencia de bicicletas será menos. También perderemos esa libertad que da el encontrarte entre gente desconocida y con costumbres más alegres que las nuestras. La desnudez de los visitantes, sus torsos morenos y esa mezcla de lenguas que lo pone todo patas arriba, no las volveremos a repetir cuando la temperatura baje unos cuantos grados.
La característica vaya que recorre todo el contorno de nuestro paseo y que durante estos meses ha servido para candar miles de bicicletas de usuarios ocasionales, en estos momentos deja de cumplir esa misión y pasa a ser un mero elemento casi decorativo.
Ahora ya se ven a los habituales de todo el año. Los que disfrutan de manera casi mágica del lugar y de su entorno. Olas altas que rugen a nuestro paso y ahora un nuevo carril para los ciclistas, algo más alejado del salitre y la arena, y que no acaba de convencernos pero eso es otrahistoria que contaremos en otro momento.
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