A esta hora y ya de vuelta a mi trabajo se me vienen a la cabeza las imagenes que te posteo.También suenan en mi cabeza Grao, Tineo, Salas, Cornellana, La espina, el alto de la Cabruñana. Y vienen a mi cabeza el recuerdo de las personas que por allí pasaban. El grupo de 19 madrileños siempre de buen humor. Con muchos años a las espaldas y una categoría personal que impresionaba. Rafa un tipo duro al que se le acumulaban las dificultades y las iba solventando sobre la marcha. Las polacas con pinta de monjas y que a las cinco de la mañana ponían el albergue patas arriba. La menuda vikinga siempre sonriente y con energía para dar y regalar. Un tipo con aspecto extraño y que nos lo encontrábamos en todas partes. El ingles de largas zancadas y su compañera toda dulzura. Los muchachos de las rastas, sus cigarros de mariguana y las bicicletas de más de cuarenta kilos.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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