Podríamos calificar de sobresaliente el fin de semana que acaba de concluir. Unos cachopos de ternera XXL y otros al cabrales que pienso llevaban algo mágico hicieron que lo de este finde dejase de ser normal desde el medio día del lejano sábado.Como bicicletas, familia, amigas y birras se mezclaron en un coctel muy bien agitado, el que escribe en estos momentos se encuentra a tres metros del cielo.
Tres hermanos perdiendo los papeles por completo. Un hijo haciendo de la excelencia su forma de comportarse. Unas cervezas acompañando a las mejores mujeres de la ciudad. Una bicicleta pequeña pero con mucha categoría y otra vez la alegría en forma de niña" blanca y refulgente como la aurora".
Pero sobre todo el recuerdo para esos momentos de la noche en que la luz artificial de las farolas de mi ciudad iluminaba mis lugares favoritos. Un final de fiesta, que siempre había soñado. Volviendo a mi hogar, a altas horas de la madrugada y con mis ideas dando vueltas de campana en mi cerebro, fruto de la poca comida y la mucha bebida que contenía mi barriga, me brindan la posibilidad de probar una pequeña bicicleta con un único piñón. Aquella desconocida me regala la posibilidad de compartir buenos momentos a lomos de una menuda bicicleta con mucha categoría.
Sensaciones diferentes, olores desconocidos y la noche que todo lo potencia me descubren rincones olvidados con sabores dulces que mi cerebro ha guardado en su archivo más querido.
Los cachopos de tu barrio tampoco están mal, pero si Benigno los cobra a ese precio... por algo será!
ResponderEliminarAh, se me olvidaba... te perdiste un escondite que casi tenemos que llamar a Paco Lobatón!!!
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