Fueron seis horas de imagenes de naturaleza desbordante pero de todas ellas me quedo con una. Después de una fuerte subida me quede solo para iniciar el descenso. Lo cierto es que la bajada me dio un poco de miedo. Parecía limpia pero su desnivel era tremendo. Un largo y precioso sendero que acababa adentrandose en un bosque autóctono lleno de encanto.
Antes de iniciar el descenso desvió mi mirada hacia el cielo y veo una decena de buitres sobrevolando la ladera de la montaña, a escasos metros de donde me encuentro. Apenas puedo fijar la mirada, el suelo esta lleno de piedras y lo primero es mi integridad física. Vuelvo a levantar varias veces la mirada y no salgo de mi asombro. Ellos siguen allí con una grandeza difícil de describir. Fijo mi mirada en el sendero y mis compañeros apenas se ven. Pongo la directa y con más miedo que otra cosa hago el descenso y me meto en la zona boscosa. Una sensación de felicidad invade mi cuerpo.He presenciado la maravilla del vuelo majestuoso de los buitres y además he superado un difícil descenso con notable destreza.
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