En definitiva una experiencia espiritual para nuestro cuerpo y nuestro espíritu. La música que te posteo creo que es la sonaba en mi cabeza cuando me sucedía lo que te he contado.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
Realmente me das mucha envidia, experimentas sensaciones únicas..., y siempre en buena compañia.
ResponderEliminarQue no te quepa duda de que eres un privilegiado.
Ole vuestros wevos...
ResponderEliminarGuapísimo escenario pero… sinceramente, esos espacios tan cerraos y oscuros danme un poco de canguelo. ¡Lo que nos perdemos los cobardes! (o al menos un poco cagones)
ResponderEliminar