Nosotros pudimos comprobarlo. Las playas de las Catedrales era un autentico chorreo de gente. Autobuses, excursiones, coches y más coches. A primera hora de la mañana aquello se iba llenando de manera esperpéntica. Nuestro camino, hasta ese momento tranquilo, se convertía en otra cosa. Una bonita playa que gracias a las redes sociales y la publicidad se había convertido en una verbena.Cámaras que echaban humo y música de gaitas de fondo. Nosotros tampoco nos quedamos cortos haciendo fotos. Pero nuestro camino tenía otro destino, así que seguimos viendo playas maravillosas siguiendo nuestro camino particular
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.



Playas no menos bonitas y libres del bullicio.
ResponderEliminar