Nosotros pudimos comprobarlo. Las playas de las Catedrales era un autentico chorreo de gente. Autobuses, excursiones, coches y más coches. A primera hora de la mañana aquello se iba llenando de manera esperpéntica. Nuestro camino, hasta ese momento tranquilo, se convertía en otra cosa. Una bonita playa que gracias a las redes sociales y la publicidad se había convertido en una verbena.Cámaras que echaban humo y música de gaitas de fondo. Nosotros tampoco nos quedamos cortos haciendo fotos. Pero nuestro camino tenía otro destino, así que seguimos viendo playas maravillosas siguiendo nuestro camino particular



Playas no menos bonitas y libres del bullicio.
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