Pequeños rincones en los que me encuentro gente satisfecha. Lugares completamente aislados a escasos metros de la urbe.El mar que te pone todo lo que necesitas. Y ese viejo conocido que te cuenta su historia personal. No más de 120 pulsaciones por minuto para el resto de su vida. Caminar en llano y un tipo de vida duro para un gran deportista. Todo con buena cara y dando un paso adelante. Toda una lección que me he encontrado y que me recuerda una vez más lo que siempre te digo....
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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