En la plaza de Santa María del Camino nos sentamos en nuestro rincón favorito. La plaza como siempre, estaba llena de gente de paso, en su mayoría hablaban otras lenguas. Plaza silenciosa, plaza con armonía y las piedras como siempre llenas de cristales. Cristales y sufrimientos. Hielo, ampollas y rostros curtidos por el sol. Nos sentamos un largo rato y jugamos a adivinar quién serían los dueños de aquellos bonitos sillines. Seguro que son gente fina de culo.No alcanzamos nuestro objetivo pero no era lo más importante. El sol nos tonificaba la piel y lo que allí veíamos nos invitaba a nuevas historias, viajes imaginarios y aventuras que podremos llevar a buen termino o no, pero lo importante tampoco es eso. ¿No te parece?
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.




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