Esos días en los que las piernas no te responden solo te queda dejar que una música tranquila invada tu cuerpo y te dejes llevar por ella. Veras a tus compañeros pedaear con facilidad, sus conversaciones relajadas no te harán demasiada gracia, cada parada será un respiro pero la vuelta a la actividad te hará daño. Si miras para arriba y ves la infinita pista serpentear, se te hará más dura todavía. ¡Por Dios, cuando se acabará esto!
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
Toca un mes de Enero doloroso y abstemio, por lo menos en lo que a mi me toca. Charlynos.
ResponderEliminarLo has clavado Jose....Lo importante es ir cogiendo tablas para afrontar esos días con paciencia y poder disfrutar de la ruta. Eso si...sufrí como un perro. Gracias por la compañía en cola por cierto...
ResponderEliminar