viernes, 28 de diciembre de 2012

El diminuto Erithacus rubecula



Llegando al collado de Orcaba se me acerco aquel sociable, atrevido y curioso pajarillo. Era primera hora de la mañana y se ofreció como guia para toda la jornada. Era una ruta tan sencilla PR-S 114, que se entretuvo contándome historias durante todo el día. Siempre a mi lado, me llevó de la mano como a un niño. Me enseño un extraño árbol, el Lauroceraso un árbol que da unos frutos semejantes a las cerezas, los cuales no son comestibles, y que se parece a un laurel. Una vez finalizada la ruta me aseguró que me invitaría a un café en un pueblo muy mentiroso. Pasaba por Correpoco cuando algo impacto contra el salpicadero de mi vehículo. Era el y se sonreía, sabia que cumpliria su promesa. Aquel ultra congelado bocadillo de tortilla, su correspondiente café y una petrificada quesada estaban pagadas. Pero lo mejor estaba por llegar. Para despedirse me llevo a una enorme piscina de agua caliente en la que unos pequeños altavoces escupían  "Gran Ganga" y un dulce olor a piña me transportaba al mejor de los mundos. 
Segundos después despertaba y me daba cuenta que me había dejado atrás el cruce y que debería buscar otra salida para llegar en buenas condiciones a mi destino. Jajaja.

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