Suponía que podía ser una de las ultimas tardes de otoño. Tuve la suerte de poder tomármelo con mucha calma. El bosque mejor subirlo, de esa manera e sería más fácil contemplarlo. La cámara preparada para reflejar unos matices que nunca logro reflejar como me gustaría. Las setas por allí andaban y aunque con rasguños, pude rescatarlas para mi sarten.
Mi culote pirata ya descansa en el armario y en mi piel todavía se refleja la marca del maillot corto. La suave temperatura hizo que una salida de 40km me durase más de la cuenta. Mi devaneos nocturnos hicieron que rodase de media mañana a media tarde y que un tímido sol me acompañase a ratos.
Primero zonas de campo, luego algo arboles autóctonos diseminados por las colinas y al final un peculiar bosque de coníferas que daba un toque diferente a la salida. Y objetivo más que cumplido, mis más altas expectativas se habían colmado.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
La suerte hay que buscarla, seguro que muchos no tuvieron la misma que tú teniendo el mismo día. Un abrazo, Jose.
ResponderEliminar