jueves, 15 de noviembre de 2012

CUANDO SALEN LAS BRUJAS

Se me hacia de noche al dejar la ciudad. Primero el atardecer, luego la penumbra y más tarde la oscuridad. La casualidad hizo que me encontrase solo en el camino. Mi linterna da buena luz y eso hace que mi campo visual sea suficiente para hacer un uso adecuado de mi querida bicicleta. Para una persona miedosa como soy, parece una contradicción hablar del placer que siento pedaleando a la hora de las brujas. Te concentras en una pequeña porción de camino( el iluminado).Ves el terreo de otra manera, tu linterna lo llena de sombras. Vas más concentrado. Los sonidos de tu bicicleta se hacen más fuertes y escuchas de otra manera los ruidos de los animales. Hay más animales y es más fácil tener encuentros casuales con ellos. Una calma especial lo llena todo. Los arboles y sus ramas parece que cobran vida. Tienes asegurado algún sobresalto, siempre hay algo que te asusta. A esas horas y desde lugares elevados las ciudades hasta parecen encantadoras. Cuando salgo solo, me gusta hacerlo por caminos con buen firme, eso te permite dejar vagar tu mente en los senderos más sencillos. Tienes tiempo para recrearte con los pensamientos que más te apetezca,o simplemente escuchar tu cuerpo o el de tu maquina. Al pasar al lado de las granjas siempre te anestesia el rico olor de las mejores cenas del mundo. Y cuando llegas a tu casa es un placer darte una ducha con agua bien caliente y hacerte una buena cena y finalizarla con un rico te rojo Pu-erh con canela.

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