No fue un día normal, mientras me dirigía al trabajo el sol se desperezaba detrás de la arboleda.Sería un día normal. Mi trabajo, mis compañeros, comida en grupo y a las cinco retirada a mis aposentos. Salir del curro, coger la bici de montaña y subir al picu para ver con placidez acabarse el día. Todo un placer y un lujo al alcance de los que vivimos en ciudades pequeñas.
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