A esas horas de la tarde en las casas de campo se está cenando.Mi costumbre de saludar a toda persona que se cruza e mi camino, sumada a la de realizar rutas nocturnas por los mismos sitios, en ocasiones te depara sorpresas.
Aquella tarde/noche bajaba del monte por el camino de siempre. Los gatos de la casa hicieron que me detuviese. Por la ventana se filtraba un olor de muerte. Los perros comenzaron a ladrar y el dueño de la casa salio algo asustado. Saludé como siempre y me detuve a comentar ciertos aspectos de nuestras salidas nocturnas. Los lugareños ven luces “raras” por los caminos, moviendose a toda velocidad y pasan miedo. Siempre escucho eso de ¡Segun estén las cosas, puede ser cualquier desaprensivo!
La conversación degeneró hacia la vertiente gastronómica cuando salió una encantadora dama de la cocina. Me contó que había nacido en el campo pero en la zona de Libardón.Era encantadora, muy parlanchina y con una sonrisa y una visión muy positiva de las cosas. Deduje que era buena cocinera, que había tenido una vida de total dedicación hacia su familia y que le iban bien las cosas. Se me hacia tarde , las luces de la ciudad hacia mucho que se habían encendido y mi estomago estaba vació.Una cosa lleva a la otra y al final , de una manera incomprensible, mi mochila se lleno de picadillo de aldea.
Tenia claro que un regalo así no lo podía rechazar. Baje a toda velocidad. Primero un camino de tierra, luego el asfalto de una carretera local y para finalizar una de las sendas que rodean mi ciudad. Encendí la luz de la cocina y empecé a prepararme la cena. La ducha podía esperar. Los huevos no eran de aldea pero eran de los grandes. La cerveza más adecuada para mi cena era una Chang made in thiand. Mientras cenaba con tranquilidad pensaba en lo que puede significar que esta gente te invite a entrar en su cocina o que te metan en un taper parte del picadillo de la cena de ese día. De alguna manera corresponderé a su amabilidad, pero no me será fácil, son personas que valoran más los gestos y las acciones que cualquier tipo de regalo material.
Pedales con Memoria: cuando la montaña te devuelve lo que eres Hay rutas que se vuelven especiales. No por los kilómetros ni por el desnivel, sino por lo que te remueven por dentro. Esta nació de algo muy simple: las ganas de volver. Volver a aquella salida a la que Israel creador de Cabañas y Estacas ( ruta de bikepacking por Cantabria) nos invitó en 2024 y que, sin exagerar, nos dejó huella. De esas que no se borran ni aunque pase el tiempo, ni aunque las piernas ya no respondan como antes. Hace un par de meses lancé el anzuelo a unos cuantos amigos. De los de siempre. De los que ya no necesitan presentación. Gente con muchas batallas en las piernas… y aún más historias en la cabeza. Al final nos juntamos diez bocilovers, cada uno de su padre y de su madre, pero con algo muy claro en común: pasión por la montaña y por exprimir la vida desde el sillín todo lo posible… y un poco más, si se tercia. El parque móvil era para echarle un rato: dobles de BTT de última generación...
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