Escuchaba el comentario de un buen amigo relativo a su soltería: “Mejor no aguantar a nadie y que nadie te tenga que aguantar” y justo en ese momento se acercaba mi Brompton y me susurraba al oído, “que equivocado esta tu amigo, cuéntale lo de la otra tarde”. La realidad es que mi Bromptom de seis velocidades además de llevarme al trabajo, en ocasiones se suelta un poco la melena. Sin ir mas lejos el otro viernes se desprendió de su S Bag y con toda la alegría del mundo, se marco un largo con la jovencita de piel clara de la imagen.
No entró en detalles, pero si me contó lo divertido que es dejarse llevar, lo bien que sienta desmelenarse de vez en cuando. Me habló de lo agradable que es encontrar a alguien de la misma especie con quien compartir camino. De lo placentero que es encontrar a una compañera que lleva tu mismo ritmo y sepa tomar las curvas acompasadamente. Un placer infinito rodar a la misma velocidad en paralelo e incrementar el ritmo paulatinamente hasta llegar a una velocidad que empiece a producirte cosquillas en el estomago. Una compañera tan silenciosa como tu, o tan ruidosa como tu, o tan manejable como tu, o tan seductora como tu.
No es sencillo encontrar Brompton que se dejen acompañar, pero es cierto que poco a poco se encuentran mas urbanitas que elijen este modelo de bicicletas para desplazare y para vivir la ciudad de otra manera. De todas maneras a mi Brompton y a mi, cuando vamos juntos, nos importa muy poco todo lo que nos rodea. Lo que nos deja anestesiado es ese rodar fácil, sencillo, limpio y dulce que hace de cada pedalada,de cada curva y de cada cuesta una inyección de aire fresco en nuestro cerebro.
Pedales con Memoria: cuando la montaña te devuelve lo que eres Hay rutas que se vuelven especiales. No por los kilómetros ni por el desnivel, sino por lo que te remueven por dentro. Esta nació de algo muy simple: las ganas de volver. Volver a aquella salida a la que Israel creador de Cabañas y Estacas ( ruta de bikepacking por Cantabria) nos invitó en 2024 y que, sin exagerar, nos dejó huella. De esas que no se borran ni aunque pase el tiempo, ni aunque las piernas ya no respondan como antes. Hace un par de meses lancé el anzuelo a unos cuantos amigos. De los de siempre. De los que ya no necesitan presentación. Gente con muchas batallas en las piernas… y aún más historias en la cabeza. Al final nos juntamos diez bocilovers, cada uno de su padre y de su madre, pero con algo muy claro en común: pasión por la montaña y por exprimir la vida desde el sillín todo lo posible… y un poco más, si se tercia. El parque móvil era para echarle un rato: dobles de BTT de última generación...
Estoy de acuerdo, no hay nada más agradable que experimentar todas esas sensaciones. Pero el día que desaparecen vale más estar sólo y no aguantar a nadie ni que nadie te tenga que aguantar. Si tiene que aparecer alguien... aparecerá.
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