Tres días siguiendo la flecha amarilla me han hecho experimentar nuevas sensaciones. Caminar con la mochila a tus espaldas siete u ocho horas diarias. Depender totalmente de tus pies. Desplazarse a una velocidad diferente. Relacionarse con el medio de una forma natural. Disfrutar del placer de pararse a hacer una fotografía. Comer con el sonido del agua del río Nora a tus espaldas. Caminar con un grupo deverdaderos señores de 71, 78 años y alguno algo más joven. Compartir mesa y mantel con Rafa el alicantino. Dormir calentito en el albergue de Cabruñana. Cenar como un rey en el Castillo de Salas. Degustar los magníficos dulces de Cornellana. Descubrir el verdadero espíritu vikingo. Soñar despierto. Caminar muy cerca del paraíso. Disfrutar de todo tipo de placeres al aire libre.y muchas cosas más que iremos comentando
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