Tres días siguiendo la flecha amarilla me han hecho experimentar nuevas sensaciones. Caminar con la mochila a tus espaldas siete u ocho horas diarias. Depender totalmente de tus pies. Desplazarse a una velocidad diferente. Relacionarse con el medio de una forma natural. Disfrutar del placer de pararse a hacer una fotografía. Comer con el sonido del agua del río Nora a tus espaldas. Caminar con un grupo deverdaderos señores de 71, 78 años y alguno algo más joven. Compartir mesa y mantel con Rafa el alicantino. Dormir calentito en el albergue de Cabruñana. Cenar como un rey en el Castillo de Salas. Degustar los magníficos dulces de Cornellana. Descubrir el verdadero espíritu vikingo. Soñar despierto. Caminar muy cerca del paraíso. Disfrutar de todo tipo de placeres al aire libre.y muchas cosas más que iremos comentando
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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