lunes, 20 de agosto de 2012

Hacia años


Hacía años que aquella pequeña tienda reposaba en el armario. Su primer objetivo se había malogrado, pero todos sabíamos que era cuestión de tiempo. Solamente necesite unos instantes para darme cuenta de que ese era el momento. A la carrera metí todos mis enseres en una pequeña mochila y de la mano de Ted Simón me largue a tierra de campos. Mi espalda sigue en buenas condiciones y así lo demostró, en la fría noche de aquel jueves 16 de agosto. 
Recuperar los sonidos del campo y escuchar el latir de mi corazón fue todo lo que pude hacer en el pequeño habitáculo de una tienda que apenas pesa un kilogramo. Me ubicaba en un lugar de paso de peregrinos a escasos metros de una cañada real. Tuve la suerte de dormir acompañado por una tribu de gitanos muy civilizados. A lo lejos, la civilización y la alegría de ese clan que formamos los asturianos cuando salimos de nuestra tierra. Puedes ver en la fotografía mi rostro. Puedes ver en mis ojos el reflejo del que se dispone  a vivir esos momentos mágicos de las noches al raso. Estrellas en el firmamento y sonidos lejanos que evocan algo misterioso pero muy cercano. Momentos en los que te sientes algo nómada y muy ciudadano del mundo. Una sencilla sopa de ajo muy picante hace que la paz se apodere de ti por unos minutos.

1 comentario:

  1. Y cuan doblemente rica sabe la comida al raso.Charlynos.

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