La calle desierta, la noche ideal. Atravesar las calles de la ciudad a esas horas del sueño tiene su punto. La misma calle que recorres cuando el bullicio reina, cuando los transeúntes están por todas partes, cuando el ruido te rodea o cuando las emisiones de los vehículos se deslizan a tu alrededor.
Mi silenciosa Brompthon se desplaza alegre en estas situaciones. El silencio de la noche, la soledad de las aceras y la humedad de la noche se unen para dar al momento un halo especial. En ocasiones se suma le lluvia para hacer un poco más misterioso el momento. Siempre te encuentras algún transeúnte en bicicleta, suelen ser de color y su pedalear desenfadado no deja de sorprenderte. Por allí pasan también personas perjudicadas por el alcohol que apenas pueden fijar la mirada en tu persona. Con paso acelerado ves a los que madrugan para llegar a su trabajo.
Sobre mi Brompthon me siento bien. Pedaleo cuesta abajo. Pensando en que cogeré rápidamente la horizontal. Recordando instantes felices. Haciendo la digestión de una sabrosa cena. Sintiendo los efluvios de una cerveza de calidad y sabiendo que hay pocos placeres tan agradables como el que estas viviendo en esos instantes. Pedalear con los sentidos a flor de piel, cuesta abajo y con la carretera completamente despejada.
Leer sensaciones como las que relatas, hacen sentir bien a quien las lee. Al menos, conmigo así ha sido. Gracias.
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