viernes, 29 de junio de 2012

Una calurosa tarde de baño en el Río Quirós






En ese momento quedó la senda en un segundo lugar. El calor del medio día y el sudor de todo el día nos invitó a darnos un chapuzón en el río. El lugar estaba marcado con una cruz. Tranquilidad, soledad y profundidad fue lo que encontramos allí. Nos sobraba la ropa. El agua dulce nos saludaba con unas gotas de insolencia. Rápidamente nos sedujo aquel instante. Deslizarse por la poza nos hizo sentirnos felices. Pisar aquellas piedras lisas era algo sorprendente. Piedras lisas que te acariciaban y piedras rugosas que te picoteaban. Zonas profundas que casi te cubrían completamente y otras que dejaban al descubierto nuestras vergüenzas. El aire calido de la tarde secaba nuestra piel al instante. Era obligado sentarse sobre las calidas piedras a charlar sobre lo divino y lo humano. En ocasiones nos interrumpían la conversación pececillos saltarines y alguna que otra libélula despistada.

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