En ese momento quedó la senda en un segundo lugar. El calor del medio día y el sudor de todo el día nos invitó a darnos un chapuzón en el río. El lugar estaba marcado con una cruz. Tranquilidad, soledad y profundidad fue lo que encontramos allí. Nos sobraba la ropa. El agua dulce nos saludaba con unas gotas de insolencia. Rápidamente nos sedujo aquel instante. Deslizarse por la poza nos hizo sentirnos felices. Pisar aquellas piedras lisas era algo sorprendente. Piedras lisas que te acariciaban y piedras rugosas que te picoteaban. Zonas profundas que casi te cubrían completamente y otras que dejaban al descubierto nuestras vergüenzas.
El aire calido de la tarde secaba nuestra piel al instante. Era obligado sentarse sobre las calidas piedras a charlar sobre lo divino y lo humano. En ocasiones nos interrumpían la conversación pececillos saltarines y alguna que otra libélula despistada.
Pedales con Memoria: cuando la montaña te devuelve lo que eres Hay rutas que se vuelven especiales. No por los kilómetros ni por el desnivel, sino por lo que te remueven por dentro. Esta nació de algo muy simple: las ganas de volver. Volver a aquella salida a la que Israel creador de Cabañas y Estacas ( ruta de bikepacking por Cantabria) nos invitó en 2024 y que, sin exagerar, nos dejó huella. De esas que no se borran ni aunque pase el tiempo, ni aunque las piernas ya no respondan como antes. Hace un par de meses lancé el anzuelo a unos cuantos amigos. De los de siempre. De los que ya no necesitan presentación. Gente con muchas batallas en las piernas… y aún más historias en la cabeza. Al final nos juntamos diez bocilovers, cada uno de su padre y de su madre, pero con algo muy claro en común: pasión por la montaña y por exprimir la vida desde el sillín todo lo posible… y un poco más, si se tercia. El parque móvil era para echarle un rato: dobles de BTT de última generación...
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