lunes, 25 de junio de 2012



Arco iris de fresa me llevó a vivir la magia de la noche más larga del año a un lugar mágico de la costa asturiana. La arena negra de su playa y las frías aguas del cantábrico nos saludaron con dulces aromas. El fuego purificador de la hoguera y unos impresionantes fuegos artificiales dieron la bienvenida a una divertida noche llena de música. Mucho nos acordamos de nuestros vecinos los franceses. La bandera roja y gualda nos recordaba que por fin nos dábamos un gustazo ganando a nuestros queridos vecinos franceses. Pero un lugar tan particular como el que nos ocupa, nos acabaría dando mucho más. Sonidos de campanas, trajes de fiesta, música de gaitas y gente del lugar que celebraba la fiesta con mucho estilo, acabaron por transmitir a nuestros corazones, algo de su esencia. El sol de la mañana, la luz del medio día y aquel calor de la hoguera mientras saltábamos, unido a esa fragancia a hoguera que todavía permanecía pegada a nuestra piel, nos dejaron un esplendido sabor de boca. Pero como somos gente con un gran espíritu deportivo, empezamos la jornada subiendo “silenciosamente” varios picachos de poca envergadura y acabamos el día subiendo una gran montaña de manera un poco más escandalosa.

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