He de reconocer que las rampas que conducen a la mejor terraza de Gijón hicieron que no llegase la cantidad suficiente de oxigeno a mi cerebro. Lo cierto es que ellos estaban allí. Sentados y ensimismados contemplado el amanecer( ¿ o era el atardecer?) y relamiendo las ultimas gotas de su dulce café. Enseguida me di cuenta que eran Kay y la Princesa Bipolar. Lo vi en su mirada, me di cuenta que estaban viviendo un momento muy especial. Ella tenía un aire de una estatua de sal y el tenia por fin los labios escarchados. Ella le acariciaba el rostro y el la respondía con un beso en la mejilla. He de confesar que me sentía un intruso en un lugar que me es tan familiar. En mi cabeza seguía sonando la canción de Niño Malalengua cuando me retiraba discretamente y con miedo de hacer algún ruido que estropeara el instante. Ahora mientras escucho la canción de Kay y la Princesa Bipolar en mi ipod, lo entiendo todo y me siento verdaderamente afortunado por haber podido compartir ese momento mágico desde la distancia. Siempre que paso por ese lugar, (recuerda a 415 metros sobre el nivel del mar) me suelo sentar en el mirador a contemplar los lugares donde transcurrió mi infancia, los lugares donde hice mis primeras jornadas de trabajos veraniegos y los lugares donde más tarde tuve la oportunidad de sobre volar en aquellos rudimentarios parapentes. A partir de este día tendré que hacerle también, un guiño a la ternura y a los corazones que palpitan a mil.
miércoles, 12 de enero de 2011
Sorpresas te da la vida o como encontre a Kay y la Princesa bipolar en la mejor terraza de Gijón.
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GRACIAS POR TUS PALABRAS, AMIGO
ResponderEliminarEs bonito tener un novio,que te lleve a ver unas bonitas vistas románticas..., pienso sugerirlo la próxima vez que me eche uno...
ResponderEliminarMe encanta pensar que esa pareja tan feliz, puede vivir muchos momentos más como ese.......
ResponderEliminarPocos y breves momentos como ése... pero siempre intensos, muy intensos.
ResponderEliminarEs difícil, pero estas palabras logran revivir ese instante casi al milímetro...precioso relato; enhorabuena al autor y...a Kay