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Excursiones de larga duración




Siempre me ha gustado enfrentarme a largas jornadas de bicicleta de montaña en solitario. La preparación, la planificación, la alimentación y la ejecución (¡Todo acabado en on!) Tienes que adecuar el ritmo de pedaleo a lo que te queda por delante. Al principio no sabes por donde te irá la cabeza. No sabes si los últimos kilómetros te resultaran agotadores. Tienes que tener en cuenta la comida que vas a llevar. No sabes si la ropa que llevas será suficiente o necesitaras aquello que dejaste a última hora en el armario.

Cuando acabas te das cuenta que siempre se llega a casa y siempre aceptas como una buena experiencia lo que te ha sucedido. Las imagenes son de la salida que hice por Peñas el fin de semana pasado. Apenas 6 horas de bici y un numero de kilómetros que puede rondar los 70( últimamente paso del ciclocomputer).

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana