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A 190 pulsaciones por minuto






Supongo que ellos no habrán podido apreciar el color del otoño ni les entusiasmará ver el suelo lleno de hojarasca. Se recorrieron los 2.700 metros del circuito a toda velocidad y lo repitieron hasta completar una hora de carrera. Pero este post va de los que están al otro lado. Los voluntarios que velan porque todo salga bien, disfrutan de la carrera y se lo saben todo sobre las competiciones. Son padres de chicos que compiten en categorías inferiores, veteranos aficionados a la bicicleta, miembros de club ciclistas etc. Se pasan dos días trabajando de sol a sol. Marcan el circuito, al finalizar la prueba lo limpian todo y además lo hacen a cambio de nada.
Espero que los corredores y los que hicieron que todo funcionase a la perfección disfruten de la canción que te posteo a continuación.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana