Hemos pasado unos días recorriendo la Laponia Española. Un territorio precioso, deshabitado y con unos paisajes descomunales. Llegamos maravillados con la experiencia de viajar en solitario por la comarca más despoblada de la península ibérica. Nos hemos enamorado de sus paisajes, de su gente, de la riqueza natural y de su flora y fauna. Ocho horas diarias rodando dan para muchas cosas. Al final ha sido un reencuentro con la PURA VIDA.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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