"No hay nada como estar lejos de casa en un país en guerra para conocer la fragilidad de tus planes, y con una profunda sensación de decepción supe que mis nervios estaban flanqueados. Había alimentado antes un deseo secreto de ir más allá de los riesgos usuales, de obligarme a cruzar un umbral de cálculo, a saltar a una situación en la que era imposible calcular los riesgos que corría. Quería ser libre, aunque sólo fuera por un día, de la tiranía de saber de antemano lo que tenía que esperar; de montar en una alta ola de incertidumbre hasta que ya no pudiera sentir su movimiento. Quería demostrar que era posible viajar por esos lugares que otros evitaban, y la ruta central era el lugar perfecto para poner a prueba todo esto. Estaría más allá de todo en un espacio inexplorado, sin amigos ni contactos, sin conocimiento previo alguno, un lugar en guerra, donde helaba, habitado por caníbales adolescentes. En Kabul había parecido una idea razonable. Solo había un problema: ahora mi propio plan me aterrorizaba."
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
Comentarios
Publicar un comentario