Impresiona rodar por el caños que forma el río tajo en su parte más alta. Desde Peralejos de las truchas hasta Zaorejas he podido disfrutar de un precioso descenso. Transcurre el camino por una pista ancha, desierta y con los buitres como majestuosos testigos de mi paso.
Tanto tiempo sin dar pedales supone un descanso pero también un ejercicio de concentración para evitar caídas. Pero a gran velocidad resulta difícil disfrutar con tranquilidad de tanta belleza que te rodea.
Como anécdota principal resulta chocante encontrarte, a primera hora de la mañana, un manto de caballitos del diablo, que se despierta a tu paso dejándote una imagen sorprendente y muy poco habitual.

No hay comentarios:
Publicar un comentario