Como en muchas ocasiones, vuelvo al lugar donde empezó todo. Mis orígenes están en ese lugar. Hacia el norte la ciudad donde vivo. En otra ocasión hablaremos de eso. La foto esta tomada el sábado a primera hora. Había decidido hacer una salida de tres horas por los alrededores de Gijón. No era un día como los demás. Me inundaba todo lo sucedido en París la noche anterior. Las salidas en solitario son perfectas para dejar tu mente vagar y que vaya a los lugares que desee. Pues eso que la mente se fue por las sendas del sufrimiento de las victimas, por los caminos de las muertes innecesarias y por los senderos de la estupidez humana. Un paseo precioso a pesar de todo.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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