En las últimas semanas he sufrido los efectos de la contaminación en mayor medida de lo esperado. Recorrer la ciudad a hora punta en la bicicleta es un horror. La contaminación de los coches, camiones y autobuses es horrible. Hacer un minuto detrás de un autobus municipal es como estar dentro de la chimenea de la empresa más contaminante. Por lo que me cuentan mi ciudad tiene unos niveles de contaminación muy por encima de lo recomendado. Por suerte la lluvia está haciendo su trabajo de manera esplendida.Y afortunadamente en pocas pedaladas disfrutamos de la montaña y un aire puro que nos llena los pulmones y nos carga las pilas para seguir adelante.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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