Jurumu, su esposa Narina y el hermano de ella, Kilpuruni, vivían juntos en el mismo campamento. Kilpuruni no estaba casado y deseaba tener una mujer, de modo que un día empezó a desear a su propia hermana. Narina había ido al bosque para recolectar comida. Kilpuruni siguió sus huellas y cuando la encontró le pidió que le diera algo de comer. Narina le ofreció carne de oposum, pero él la rechazó diciendo que ese tipo de carne no le gustaba. Entonces ella le ofreció miel, pero también la rechazó.
Después de que Narina le ofreciera otros alimentos y después de que él los rechazara, Kilpuruni admitió que no era comida lo que quería, sino que era a ella a quien deseaba. Narina rechazó horrorizada todas las tentativas de aproximación de Kilpuruni y le advirtió que el amor entre hermanos era imposible, pero él la acosó tanto con adulaciones, palabras y gestos que ella terminó por ceder a sus exigencias y cumplió sus deseos.
Tras lo sucedido, ella tenía tales remordimientos que regresó arrepentida al campamento y le contó a su marido lo que había sucedido. Jurumuru se puso totalmente fuera de sí y la castigó allí mismo; sin embargo a su cuñado no le hizo ningún comentario, puesto que esperaba encontrar una ocasión más propicia para vengarse de él.
Un día, los dos hombres salieron de expedición en busca de alimentos y subieron a un eucalipto para recolectar algo de miel. En ese momento Jurumu le señaló a su cuñado un nido de abejas que se encontraba en el extremo de una de las ramas y le pidió que lo descolgara. En el momneto en que Kilpuruni trepaba cuidadosamente por la parte inferior de la rama, Jurumu la cortó y Kilpuruni cayó del árbol. La pesada rama cayó sobre Kilpuruni antes que éste tuviera tiempo de incorporarse y lo aplastó contra el suelo. Kilpuruni se transformó en un lagarto. Narina, su hermana se convirtió en una cacatúa negra, y el vengativo Jurumu, transfromado en águila, remontó el vuelo hacia las alturas desde donde todavía hoy vigila al lagarto, quien una vez sedujo a su mujer.
Pedales con Memoria: cuando la montaña te devuelve lo que eres Hay rutas que se vuelven especiales. No por los kilómetros ni por el desnivel, sino por lo que te remueven por dentro. Esta nació de algo muy simple: las ganas de volver. Volver a aquella salida a la que Israel creador de Cabañas y Estacas ( ruta de bikepacking por Cantabria) nos invitó en 2024 y que, sin exagerar, nos dejó huella. De esas que no se borran ni aunque pase el tiempo, ni aunque las piernas ya no respondan como antes. Hace un par de meses lancé el anzuelo a unos cuantos amigos. De los de siempre. De los que ya no necesitan presentación. Gente con muchas batallas en las piernas… y aún más historias en la cabeza. Al final nos juntamos diez bocilovers, cada uno de su padre y de su madre, pero con algo muy claro en común: pasión por la montaña y por exprimir la vida desde el sillín todo lo posible… y un poco más, si se tercia. El parque móvil era para echarle un rato: dobles de BTT de última generación...
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