lunes, 25 de febrero de 2013

¡Qué mejor que viajar a la infancia!

Sabia que la tempúra de verduras y el ali oli sacarían mi vena sentimental. Pero creo que las cervezas hicieron quee subiera seis o siete pisos de golpe.La mejor de las compañias, ese  gran amigo de la infancia, hizo de perfecto anfitrión. Una morada delirante en la que lineas limpias, gamas de grises, maderas nobles, tenues luces y un dulce olor invitaban a los recuerdos y las confidencias. Aquel mirador sobre el mar y arte, mucho arte que nos inundaría los corazones.
Sería uno de esos días en los que se unen los recuerdos de la infancia y los proyectos de futuro. El sabor de la avellana caliente haciendo que me sintiera muy cómodo. Las voces suaves de los contertulios, esas luces de la ciudad dormida y nuestras lenguas que se empiezan a disparar. La grata sensación de ser afortunado. Todo lo que me rodeaba era bonito y la gran suerte de encontrarme frente a tres grandes corazones y en una de las casas´más bonitas de la ciudad. Tres corazones con un sonido de tambor parecido y otra vez un olor que se adentra en mi cerebro. En la esquina ya nos imaginamos la brompton roja, es lo único que le falta a ese tremendo salón de diseño.
La vuelta a casa en la madrugada gélida sería un cumulo de bonitas sensaciones que remataría una necesaria "Pacifico clara" y un rostro lleno de "gotas de lluvia".

2 comentarios:

  1. "La fortuna sonríe a los audaces" escribió Virgilio en La Eneida.
    Quizá la verdadera fortuna de algunos sea tener la audacia y la suerte de poder crear y soñar cada día y asi construir una realidad diferente.
    Que el tambor siga redoblando en los corazones...!

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