Se les veía felices haciendo lo que más les gusta. Prepararon con parsimonia sus instrumentos, se tomaron unas cervezas y cuando se lleno el local empezaron a tocar. Nosotros estábamos en aquella esquina.Cuando el muchacho del pelo a lo Julius Erving empezó a rasgar las cuerdas de su contrabajo nos quedamos inmóviles disfrutando de un bonito punteo que nos llevo a otros lugares. La cerveza en esas circunstancias tiene otro sabor y por fortuna volveremos a disfrutar de esas sensaciones muy pronto , ya que el local está muy cerca de nuestra morada.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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