Sonaba I will always love you en nuestro refugio musical de la noche. En aquel lugar empezaron a suceder cosas extrañas. De repente empezaron a sonar moviles en todas las mesas del local. Aquella noche en mi celular pude escuchar todas y cada una de las conversaciones de mis vecinos. Había todo tipo de llamadas. ¡Que gran invento este pequeño aparato! Muchas eran triviales, para quedar, para hablar de la mierda de partido de nuestro equipo, para saber con que disfraz estaba preparando etc. Pero como no, algunas eran algo diferentes. Aquel muchacho de la esquina, el dueño de una pequeña bicicleta negra de bmx, el del protector dental blanco hablaba con su novia y le contaba lo mucho que la quería y cuanto deseaba estar a su lado. La chica de la mesa pequeña que hay al lado de la maquina de tabaco hablaba con una amiga y entre cotilleo y cotilleo le ponía en antecedentes del pasado oscuro de su ultimo acompañante. El chico de pelo castaño y barba de una semana en un chat a cuatro bandas hablaba del frió que estaba pasando en su nueva residencia holandesa. Les explicaba como se había quedado sorpendido al ver inmensos copos de nieve caer sobre su cabeza, le puede escuchar enumerar las 19 nacionalidades de sus compañeros de trabajo y de lo encantado que estaba de poder recibirlos en su nueva residencia. En la barra del bar un joven contaba lo poco que le gustaban estas fiestas y la gana que tenia de rescatar su bicicleta para empezar su plan de generación física.
Pero por suerte, mi móvil también sonaba y sonaba para darme buenas noticias. Sonaba suavemente para citarme: con ese hijo que solo te da buenas noticias, con ese brother que habla gratis y te manda videos que te hacen sonreír,con ese pequeño que tanto sabe de carreras de coches, con ese pesado que siempre te anda bajando música, con esa chica que te susurra al oído, con ese amigo que te acompaña en bicicleta, con esa señora que te hace tortillas o con ese tipo que a tus espaldas cuenta historias que deberían quedarse en nuestro recuerdo.
Todo esto en los 184 segundos que dura la maravillosa canción de la gran Dolly Parton.
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