Fue algo diferente. Otra sorpresa más del GR-22. En una zona bastante ventilada nos encontramos esos enormes aerogeneradores. Nos rodeaban por todas partes. Eran enormes. No me gustaban. Estaban en lo alto de las montañas. Las mejores vistas eran para ellos. En ocasiones parados y otras veces con un zumbido suave pero constante. Tenían su punto exótico. Nos comimos todas las pistas que los comunicaban. Eran pistas de piedra suelta, de tamaño muy regular. Nos exigía andar con cuidado y buscando la zona de rodadura. No eran demasiado duras a pesar de lo que pueda parecer. Su desnivel no era demasiado grande. Como mejor recuerdo me queda aquella imagen de unas enormes aspas girando entre el mar de nubes, que contemplamos Javi y yo, mientras hablábamos de lo divino y de lo humano con nuestras bicis del ramal.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
Comentarios
Publicar un comentario