Lo cierto es que el viaje te enseña, te hace cambiar tus planteamientos iniciales y te hace tomar decisiones sobre la marcha. El gatito de Bernardina nos enseño el camino a seguir, en el GR-22. Eran las horas centrales del día. El sol estaba en lo más alto y nuestro amigo dormitaba placidamente. Bernardina nos convenció de que lo mejor era detenerse, comer y esperar a que lorenzo clamase un poco su furía. Así lo hicimos y no nos fue del todo mal.
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