Sigo con la resaca de los últimos ocho días. El recorrido que nos hemos marcado por la Aldeas históricas de Portugal ha sido MÁGICO. Tiempo tendré de contarte historias, anécdotas y de hablarte de lugares con encanto. Pero hoy quiero compartir contigo ese sabor a "catarata de iguazú" que te queda al guardar tu porta bultos y meter en la lavadora toda la mugrienta ropa que te ha acompañado en el viaje.De esa sensación de grandeza que te da el haber superado momentos de cansancio físico. De esa alegría que sientes al contar a tus seres queridos lo allí vivido. De esa lista mental que haces de los mejores momentos del viaje. De ese "lei motiv" y de ese "lei Motriz" que todos los días te empuja a seguir en la ruta. De esos desmanes que surgen en el camino y se quedarán en el camino. De esos compañeros que descubres después de tantas horas sobre la bici. De esas conversaciones que tienes mientras ruedas por parajes maravillosos.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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