¿Que sería de los viajes sin las personas?
He encontrado caras amables, miradas perdidas de gente anciana, rostros sorprendidos ante algo que les queda muy lejos, generosidad de la que no se encuentra en las ciudades, vidas sosegadas y amabilidad ante el visitante. Rostros quemados por el sol y sonrisas de pastores más bien pícaros. Cuerpos hieráticos ante diminutas copas de vino. Hombre y mujeres de grandes ciudades transplantados a la vida sencilla del campo. Humildad, mucha humildad y el color negro en la vestimenta de los ancianos. Otra forma de vivir, otra forma de entender la relación con la naturaleza y otra forma de ganarse la vida.
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