Es curioso pero en ocasiones las bicicletas te llevan por esos barrios decadentes y llenos de escaleras. Es el momento de dejar el sillín a un lado y mimetizarte con tu entorno. Me he encontrado con una ciudad sostenida por un milagro de andamios, una ciudad para pasear. El agua del atlántico, sus caldos , la gente del barrio, los turistas por todas las esquinas. Pero sobre todo ese mar de tranquilidad que se respira por sus calles, ese vive y deja vivir a los que te rodean, me ha dejado un sabor parecido al de un buen wok.
Y habrás practicado el idioma, espero.
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