Agradecido estoy de que los nubarrones de mi ciudad se hayan convertido en lluvia, viento y temperaturas por debajo de los 10º. Uno que se descuida con frecuencia ha echado en falta sus guantes de invierno y ese forro que le acompaña en los días fríos. Esa lluvia que me ha calado hasta los huesos y ese frió que se te instala en las yemas de los dedos y que duele, ¡vaya si duele!.
Agradecido a la musaka, a la fideua y a los pasteles que con este tiempo te permiten sobremesas largas y placenteras. Fortuna la de contar con contertulios, brothers, y un lujo de acompañantes y todo en lugares con vibraciones positivas.
Al fondo de mi pasillo una bicicleta me recuerda que mi gran pasión puede esperar y que otras pasiones pueden ocupar el puesto nº1 para enriquecerá un poco la vida de este bicilover que te cuenta sus cosas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario