Lo de ayer es un buen augurio. Creo que me estoy viniendo arriba de una manera un poco preocupante. Unas alegres salchichas con arroz y un postre delicioso me han dado la energía suficiente para marcarme una "enorme" ruta por los alrededores de mi cuidad.Claro que todo esto no habría sido posible sin la inestimable ayuda de mi amiga "amistad". Que fácil es dejarte llevar (o acompañar) por los que han pasado esa barrera que va más allá del compañerismo y se suma a la de los escasos amigos.
Cinco horitas de ruta dan para muchas cosas.Rodar en pareja es muy bonito, aunque te lleven "a gancho". Las cuestas te sirven para dejar de hablar y pensar en lo hablado. Las bajadas te sirven para cortar conversaciones y divertirte como un bebé. Los escasos llanos te sirven para acelerar el ritmo y continuar con la conversación cortada uno segundos antes.
Pero ayer fue todavía mejor. El atardecer nos pillo en el medio de un bosque de pinos muy extenso. Y todo esto sumado con un descenso poco técnico y muy rápido.Ver al sol ocultándose, a tu compañero bajando como una posta y al fondo las luces de tu ciudad que empiezan a cobrar fuerza, ha sido una verdadera gozada. Después la oscuridad y una senda tranquila para poder saborear todo lo que ha pasado en una gloriosa jornada de BTT del grande.